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Rabietas, pataletas, berrinches… como quieras que los llamemos, no son nada agradables, sobre todo cuando a tu hijo le da por armar el ‘show’ en el centro comercial, el supermercado o el restaurante. ¿Qué hacer para sobrevivir a estas manifestaciones emocionales?
Por: Sandra Patricia Aguja Z.


Se tira al suelo, llora, grita, se contorsiona… ¿Y tú?… roja de la pena. Estas escenas son muy comunes en los niños a partir de sus 2 años y pueden prologarse hasta los 4. Suceden, porque aún les faltan palabras para expresar sus sentimientos, pero especialmente sus frustraciones y enfados. Los berrinches, rabietas o pataletas, son la forma que tienen los pequeños para demostrar su descontento por no lograr lo que quieren o como estrategia para conseguirlo.

¿Cómo actuar?



Como tu hijo puede o no ser del grupo de los ‘pataletudos’ –no todos los niños irrumpen un armonioso paseo con un tremendo escándalo–, es mejor que estés preparada, porque si llega a ocurrir, sentirás las miradas de horror y censura a tu alrededor. Por eso, para controlar la situación:

  • No grites ni le pegues. Si le subes el tono a tu voz y además le das una nalgada, la escena se convertirá en un conflicto de gritos ensordecedores. No olvides que en el momento del berrinche tu hijo ni escucha ni razona. Por lo tanto, por muy difícil que sea, conserva la calma y mantente firme en tu decisión hasta que se le pase la pataleta, recuerda que te está poniendo a prueba y su premio es sacarte de casillas. Tu pequeño debe aprender que con su llanto y sus gritos supersónicos no puede manipularte, la fórmula es tranquilidad + firmeza = menos pataletas.

  • Ignóralo. Como en el momento álgido de su pataleta sólo escucha sus gritos, lo mejor que puedes hacer es ignorarlo. Cuando sienta que no le estás prestando atención, aprenderá que con lloros y berrinches no conseguirá lo que quiere.

  • Llévalo a un lugar menos transitado. Estando casi a solas con tu hijo, ponte a su nivel de altura para que puedas hablarle mirándolo a los ojos. Recuerda que debes hacerlo con calma y dile con firmeza que hoy no podrá tener ese juguete que quiere pero que al llegar a casa sí podrá jugar en el parque con el balón que tanto le gusta, es una forma para lograr calmarlo que casi siempre funciona.

  • Distráelo. Cuando tu hijo pierda el control, trata de desviar su atención. Puede ser efectivo alzarlo y conducirlo a otro espacio, ya que el solo trayecto puede distraerlo o llevarlo a centrar su atención en otra actividad. Por ejemplo, si hay un parque, puedes permitirle disfrutar un rato de los columpios.

  • No te burles. Recuerda que su frustración es real y si te ríes, pensará que no le estás dando importancia a su incomodidad o a lo que siente. Así te parezca incómoda la situación, las rabietas son las mejores oportunidades que tienes para educar a tu hijo en cómo manejar su enojo y la frustración.

  • Abrázalo. Una vez pasado el berrinche, y por más molesta que estés, dale a tu hijo un abrazo; con esta manifestación de cariño le comunicarás, sin una sola palabra, que “lo pasado, pisado” (que todo quedó atrás). Además, cuando lo abrazas y consuelas, le harás entender que le importas, que te preocupas por él y que estás feliz porque recuperó el control.



¿Cómo ayudarle a controlar sus emociones?



Ya es claro que las rabietas son su forma de expresarte sus emociones y que son parte de su desarrollo. Sin embargo, como tu tarea es enseñarle a controlarlas y expresarlas con palabras, para que no reaccione de manera impulsiva, ten en cuenta los siguientes consejos:

  • Préstale atención. Cuando tu hijo esté tratando de llamar tu atención, escúchalo, míralo a los ojos y respóndele a sus preguntas. Si es necesario, dale un abrazo, dile que lo quieres y recompénsale con palabras sus buenos comportamientos. La educación debe encontrar un equilibrio entre los “no” y los “sí”. Es verdad que hay situaciones en las que no puedes ser inflexible porque están de por medio su seguridad y bienestar, pero existen muchas otras en las que puedes responderle con un “sí”.

  • Ofrézcale opciones. Es una manera de hacerle sentir a tu hijo que tiene el control de la situación. Entonces, en casa o en el centro comercial, dale dos opciones para que pueda elegir; por ejemplo, dile: ¿quieres yogur o gelatina?

  • Ayúdele a expresar sus emociones. Cuando notes a tu hijo triste, enojado o feliz, dile frases como: “Veo que estás triste”, “Salir al parque te hace feliz”, “Comprendo que estás enojado, pero nada de gritos”… además de enseñarle a identificar su emoción aprenderá a expresarla con palabras. Cuando adquiere esa identificación y lenguaje no necesitará de las pataletas.

  • Identifique sus necesidades. Muchos niños terminan haciendo pataleta no por el dulce o el juguete que no le compraron sino porque están cansados o tienen sueño o hambre. Por lo tanto, conocer los límites de tu hijo pueden ayudarte a evitarlas; la mejor estrategia es no llevarlo al supermercado si notas que está cansado o con sueño.

  • Ponle límites. Las rutinas son necesarias para que tu hijo lleve una vida ordenada en la que sabe lo que debe o no puede hacer. Además, es conveniente que le enseñes que no siempre puede obtener lo que quiere y que sólo lo escucharás si te habla en un tono normal, ya que cuando grita y llora no le entiendes nada de lo que quiere decirte. Esta es la forma de entender que tampoco le permitirás comportamiento violentos como golpear, empujar, patear, tirar puertas o lanzar objetos. Otra forma de ponerle límites, es dejarle en claro lo que quieres de él; por ejemplo, antes de salir de casa, puedes decirle que sólo irán a la tienda a comprar leche y no más.

  • Deja que juegue. La actividad física o la práctica de algún deporte puede ayudarle a los niños a desfogar su energía y estrés, por lo que se convierte en una estrategia ideal, sobre todo para los pequeños de temperamento fuerte.



Para tu tranquilidad, las rabietas reducen en intensidad, cuando tu hijo se da cuenta de que no tienen ningún efecto en ti ni en su padre, y desparecen por sí solas, cuando su madurez emocional y su lenguaje crecen.