PorMargarita Touitou 0 comentarios

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Cuando los niños cumple sus 3 años, muchos papás toman la decisión de llevarlos al jardín infantil para que inicien con su etapa preescolar. Sin embargo, esta ilusión de verlos aprender y jugar con otros pequeños de su misma edad a veces se les convierte en pocos días de colegio, varios de incapacidad y numerosas visitas al pediatra. ¿Qué hacer?
Por: Sandra Patricia Aguja Z.


Prevenir es la primera opción, porque los virus y las bacterias son parte de nuestro entorno. Recuerda que la gran mayoría de enfermedades de los niños preescolares se originan por su propagación. Para controlar este contagio masivo y evitar que tu hijo enferme, debes:


  • Enseñarle a lavarse sus manos con cierta frecuencia. Si tu hijo aprende a lavarse las manos con abundante jabón y agua, especialmente antes de comer o después de ir al baño, toser, estornudar y jugar con animales o en el parque, evitará la propagación de gérmenes.

  • Dejarlo jugar. Aunque a los 3 años son muy activos, es necesario que además lo lleves al parque a correr, a saltar, a montar en su triciclo, etc., porque cuando hace ejercicio también refuerza su sistema inmune. Adicionalmente, cuando juega al aire libre y gracias al sol, sintetiza la vitamina D, necesaria para sus huesos.

  • Sin importar que le causen malestar o que le duela el pinchazo, las vacunas continúan siendo el mejor escudo protector, ya que engañan al sistema inmune de tu hijo para que produzca anticuerpos contra las enfermedades que se encuentran dentro del esquema de vacunación y las combata. Entonces, evita cualquier excusa y lleva a tu pequeño a vacunar para que siempre esté al día con sus vacunas.

  • Enseñarle a no compartir sus vasos o cubiertos. En ocasiones los gérmenes se adquieren cuando la boca se pone en contacto con superficies u objetos contaminados.

  • Protegerlo de los cambios de temperatura. La regla es sencilla, si hace frío debes abrigarlo; si llueve, debes evitar que se moje; y si hace calor, permítele que se divierta pero con protección (bloqueador solar y gorra).

  • Garantizarle un aire limpio. La regla número uno es no fumar ni exponerlo a ambientes contaminados por el humo de cigarrillo. Además, ventila todos los días su habitación.



Mejora su alimentación



La segunda opción es una alimentación nutritiva y equilibrada. Por lo tanto, la dieta que lleve tu hijo es fundamental para que su sistema inmune esté en forma y funcione en su defensa. Entonces, no descuides su alimentación e inclúyele a diario alimentos ricos en nutrientes que promuevan su salud y crecimiento, y limítale aquellos poco nutritivos, como los altos en calorías (dulces, pasteles, jugos envasados…) y las grasas, como las saturadas y trans (embutidos, pastelería…).

Para saber si está comiendo lo necesario, sus comidas deben estar compuestas por:

  • Proteínas. Cómo las que encuentras en el pollo, la carne magra, el pescado, el huevo son fundamentales porque aportan hierro y zinc, dos nutrientes necesarios para proteger a tu hijo contra las infecciones causadas por virus y bacterias.

  • Cereales, raíces, tubérculos y plátanos: son fuente de energía y cereales como avena, trigo, arroz, maíz, cebada aportan vitamina B6 que ayuda al normal funcionamiento de su sistema inmune. Lácteos (leche, alimentos lácteos, yogur, queso…). Como son ricos en proteína, calcio, fósforo y vitaminas del complejo B favorecen que su sistema inmune funcione adecuadamente.

  • Verduras, como las de hoja verde y de todos los colores, ya que son ricas en antioxidantes, vitaminas, minerales y fibra.

  • Leguminosas secas (fríjol, lentejas, arvejas…). Como son fuente de hierro y zinc, así como de fibra

  • Frutas ricas en vitaminas A, C y E. El melón, la naranja, el kiwi, la papaya, las fresas, la guayaba, la mandarina, el albaricoque y el aguacate, son frutas ricas en estas vitaminas.

  • Grasas, pero insaturadas, no trans y en especial omega-3 (pescados de mar, aceite de oliva…), ya que es fundamental para contribuir al normal desarrollo de su cerebro y para mantener saludable su corazón.



Si logras la proporción ideal de estos alimentos, tu hijo recibirá las vitaminas, minerales y demás nutrientes que requiere para contribuir a que se mantenga siempre saludable.
Si a pesar de tus cuidados tu hijo enferma, evita llevarlo al jardín infantil y espera hasta que esté completamente recuperado, así no contagiará a los otros niños y prevendrás que recaiga.