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Tus dudas como madre o padre son infinitas, y en la crianza, la de poner límites o normas es una de las más complicadas, porque no siempre tenemos claro si con nuestro actuar estamos educando, reprimiendo o siendo demasiado permisivos.
Por: Sandra Patricia Aguja Z.

Tu hijo no para y lo que más quiere es descubrir todo lo que se encuentra a su alrededor y más allá. Por eso, desde que es muy pequeño, se hace necesario que comiences a imponerle ciertos límites, ya que su curiosidad puede llevarlo a sufrir algún accidente. Sin importar lo difícil que sea controlarlo, a medida que avanza en su crecimiento y desarrollo comprenderá que su vida requiere de límites y de normas, ya que son la ruta para contar con un modelo de conducta que lo guíe y lo proteja de peligros, y le enseñe hasta dónde puede llegar y a asumir responsabilidades.

Normas con amor



En algún tiempo se decía, como el cuadro de Francisco de Goya, que La letra con sangre entra; sin embargo, ya está demostrado que los castigos físicos no funcionan ni son el ideal para educar. Para que tu hijo interiorice tanto las normas como los límites que tienes en casa, tendrás que enseñárselos con cariño, paciencia y constancia; así, por encima de sus deseos, aprenderá a actuar correctamente y a ser obediente. Cuando tengas que corregirlo, también deberás aplicar la misma fórmula, ya que los besos, los abrazos, las caricias y las palabras firmes, pero positivas, le demostrarán el amor que le tienes y le harán entender, de manera más fácil, lo que esperas de él y cuáles de sus comportamientos son aceptables y cuáles no. Otra forma de reforzar ese conocimiento, de cómo debe actuar, es alabarlo cuando se porte bien y cumpla con sus deberes.

Pero además de amor, para que las normas cumplan con su función y objetivo, y además favorezcan la armonía familiar, conviene que se estructuren bajo los siguientes consejos:


  • Han de ser claras y concisas. No pretendas que tu hijo entienda lo que quieres, si la orden que le estás dando no es clara ni corta o acorde con su nivel madurativo. Recuerda que tu niño no requiere de discursos ni de largas explicaciones sino de órdenes que pueda comprender, cómo por ejemplo: “Guarda tus juguetes”, “Lleva tus zapatos al cuarto”.

  • Se deben cumplir siempre. Es la estrategia con la que cuentas para que tu hijo adquiera el conocimiento de lo que debe o no debe hacer. Si en ocasiones no eres coherente con lo que ya sabe, acabará irrespetando la norma. El consejo es que te mantengas siempre firme y que al momento de hablarle a tu hijo utilices un tono de voz serio, pero sin gritos. Sin embargo, si algún día tienes que hacer una excepción, déjale en claro el motivo: “Hoy te ayudo a guardar tus juguetes porque estás enfermo”.

  • Hay que repetírselas todas las veces que sea necesario. Si quieres que tu pequeño adquiera determinado comportamiento y diferencie lo adecuado de lo inadecuado, deberás ser paciente y repetirle las veces que sea necesario la misma norma hasta que la aprenda.

  • Para papá y mamá debe existir la misma norma. Para que una norma sea efectiva, lo que para ti es un no, para papá también lo debe ser. Es importante que a la hora de educar al pequeño hablen el mismo idioma y establezcan las mismas pautas porque así sabrá qué esperan de él.

  • Enlaza la norma con una consecuencia positiva o negativa. “Recoge tus juguetes para que podamos ir al parque”. Con estas pequeñas advertencias o promesas –que deben ser posibles y cumplibles–, tu pequeño comprenderá que todos sus actos traen consecuencias, por lo que aprenderá a obedecerte. Si cumple con sus deberes y normas todo irá bien. En cambio, en caso de no guardar sus juguetes no podrá salir al parque, una consecuencia negativa a su decisión de no acatar la norma.

  • Demasiadas no hace niños más obedientes. Prioriza al momento de establecerle normas, porque cuando son muchas no sabrá lo que es realmente importante; es mejor que vayas poco a poco. A veces, sólo es necesario crearle hábitos y adjudicarle responsabilidades. Un hábito, por ejemplo, es enseñarle a lavarse los dientes después de cada comida o a bañarse las manos antes de comer.

  • Háblale mirándolo a los ojos. Para que la comunicación con tu hijo sea efectiva, siempre que le hables ponte a su nivel y míralo a los ojos. Al momento de hablarle hazlo con frases afirmativas porque si le preguntas, por estar en la etapa del no, seguramente te responda con un “no”. Igualmente, hazlo de forma positiva, todas tus palabras deben ser expresadas con amor.



Ni autoritario ni permisivo



Nada a los extremos funciona, cuando te comportas como una madre o padre autoritario, no estás educando correctamente a tu hijo ni le estás sembrando el valor de la obediencia. Por el contrario, posiblemente estés edificando en tu pequeño la sumisión y la baja autoestima. Igual sucede cuando estableces su crianza en una excesiva permisividad. Cuando los niños no cuentan con límites ni normas claras se sienten inseguros y regularmente adquieren comportamientos agresivos o se convierten en pequeños tiranos. Por lo tanto, a los niños hay que establecerles normas y límites porque les dan seguridad, pero dentro de un equilibrio que les permita entender que son importantes y amados por sus padres.

Un último consejo: Las normas no necesariamente deben ser vitalicias. Algunas perdurarán por siempre pero otras pueden modificarse según tu hijo vaya creciendo. Por ejemplo, su norma de acostarse todas las noches a las 8:00 p.m. la puedes ir cambiando conforme tu pequeño va adquiriendo mayores responsabilidades.