PorMargarita Touitou 0 comentarios

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Se diría que una respuesta. Por desgastante que sea la situación, recuerda que tu hijo trata de entender todo lo que sucede a su alrededor. Como a partir de sus 3 años –e incluso antes– empieza a utilizar mejor su lenguaje, se valdrá de la preposición “por” y el interrogativo “qué”, para plantearte, de forma reiterativa, todas sus dudas.
Escrito por Sandra Patricia Aguja

¿Quién va a creer que dos palabras tan sencillas, como son: “por” y “qué”, puedan convertirse en la herramienta más poderosa de tu hijo para colmar sus ganas de aprender y de obtener información? Pues así no lo entiendas, es mejor que te prepares, porque si tu niño está próximo a cumplir sus 3 años pronto comenzará a bombardearte de muchos “¿por qué?”, para saciar su curiosidad innata y comprender la lógica y razón de las cosas.

Más importantes que sus “¿por qué?”, son tus respuestas



¿Por qué el cielo es azul?, ¿Por qué el mar es salado?, ¿Por qué eres mi mamá?, ¿Por qué el abuelo murió?, ¿Por qué tú y papá duermen juntos?, ¿Por qué esa señora va en silla de ruedas?, ¿Por qué Teresa es gorda?, ¿Por qué tengo pipí?, ¿Por qué…?, ¿Por qué…? Algunas de sus preguntas serán muy sencillas de responder pero otras te tomarán tiempo o te harán pasar una que otra vergüenza, ya que pueden ser de todos los calibres; sus dudas son infinitas así como sus temas.
Por eso, la importancia que le des a tus respuestas; primero, porque deben saciar sus necesidades de comunicación contigo, y segundo, porque deben ser sencillas y fáciles de entender, para que colmen su curiosidad; por ejemplo, utiliza un lenguaje apropiado para su edad y su capacidad de compresión, evita darle respuestas complicadas y profundas, y aprovecha la situación para enseñarle palabras nuevas que enriquezcan su vocabulario. Cuando la respuesta que debas darle sea muy compleja, es mejor que se la expliques a través de un ejemplo, haciendo una comparación o con la lectura de un cuento que haga referencia a su pregunta.
Con lo anterior, queda claro que el mutismo no es la solución, pero decir “no sé” se vale; como padres tampoco debemos tener todas las respuestas. Por lo tanto, siempre que tu hijo se acerque a ti con uno de sus “¿por qué?”, proporciónale la información que requiere. Recuerda que al comunicarse contigo está enriqueciendo su lenguaje, pero además está alimentando su curiosidad intelectual y aprendiendo sobre el mundo que lo rodea. Si no tienes la solución a su pregunta, dile que no sabes, y búsquenla juntos en un libro, en un diccionario o enciclopedia o por internet. Pasar tiempo contigo le encantará; muchas veces sus preguntas van encaminadas a llamar tu atención y a sentirse importante, escuchado y valorado.

El arte de contrapreguntar



Como tu hijo quiere saberlo todo, aprovecha esta etapa para estimular su alma de acérrimo explorador. Por eso, devolverle de cuando en cuando la pregunta, es una buena táctica para llevarlo a pensar y para animarlo a investigar la respuesta. Por otra parte, en lugar de sentir que estás contestando un examen o un cuestionario, convertirás este momento de diálogo con tu pequeño en una verdadera conversación, en la que fomentarás su curiosidad, su creatividad y su necesidad de expresar sus ideas y sentimientos.

Paciencia a prueba



Como sus preguntas pueden ser infinitas y de temas sencillos o trascendentes, como la vida, la muerte, la sexualidad, etc. (no debe haber nada prohibido), tu paciencia realmente se pondrá a prueba. Sin embargo, es importante que tengas presente que vivir esta etapa es muy importante para tu hijo, ya que creará, a través de la comunicación y la confianza de poder preguntarte de manera natural lo que quiera, un vínculo comunicativo muy importante entre tú y él. Por esta misma razón, jamás te enfades con tu pequeño y mucho menos desprecies sus dudas. Cuando las ignoras o te burlas de éstas se desanimará y coartarás esa necesidad que tiene de comunicarse contigo e incluso con los demás; puede volverse un niño introvertido o tímido.
Si en el momento de sus preguntas estás ocupada o cansada, no cierres su necesidad de comunicarse contigo. Frases como: “Ahora no”, “Estoy cansada”, “Porque no te callas”, “No seas cansón”… harán que sus deseos de hablar se diluyan, afectando su autoestima y el desarrollo de su inteligencia. En esos casos, para que tu hijo no se sienta ignorado, lo ideal es no transmitirle tu molestia, por lo que es mejor decirle: “Dame un momento para terminar lo que estoy haciendo y contesto tus preguntas, sé que son muy importantes para ti” o “Hijo, mañana seguimos con las preguntas, ¿listo?”.
Por último, por muy difíciles que sean sus preguntas, no dejes a tu hijo sin respuestas –no es el tema lo que debes evitar, es cómo le vas a dar la información–. Además, no le expliques más de lo que quiere saber, evita los detalles, ya que no quiere aclaraciones profundas ni científicas sino apropiarse de su recién adquirida habilidad: el lenguaje. Y no olvides, si te las hace a ti y a su padre es porque son sus educadores por excelencia y sus referentes adultos más cercanos y en los que más confía para encontrar explicaciones a sus interrogantes.